Health in the SDG era

Infografía | 1 Ago 2019

Salud en la era de los ODS

Infografía | 1 Ago 2019

  • To achieve a transition that effectively addresses climate change, not only are more ambitious targets in future nationally determined contributions needed, but also major transformations in the productive structure of Latin American and Caribbean economies. Sectors offering major opportunities include the energy transition, renewable energy, lithium and green hydrogen industries; sustainable mobility, mainly based on electromobility; the circular economy and the benefits of reducing the use of virgin raw materials; the bioeconomy, based on more sustainable agriculture; sustainable water management; and sustainable tourism (3).
  • Increased (public and private) finance for climate-related investments and clear signals to private investors are needed, as accelerating climate action also means transforming climate action plans into investment plans and projects.
  • Greater coordination and coherence between economic policies, environmental policies and social policies are needed to address the scale of the climate challenge.
  • Disaster risk management should be an integral part of the climate change management strategy. National disaster risk reduction financing plans that translate into strategies that can build long-term resilience and are adequately funded are crucial. This is of particular concern, especially for the economies of many small island developing states (SIDS) that depend on single industries, such as tourism, where every external shock can have a significant economic impact.
  • There is a need to raise awareness of the costs and benefits of investing in resilience-building and prevention, as well as to overcome challenges related to guaranteeing human rights in the context of disaster response, including the differentiated needs of persons with disabilities or living with chronic diseases, and gender mainstreaming.
  • Para lograr una transición que permita enfrentar eficazmente el cambio climático, se requiere tanto de objetivos más ambiciosos en las futuras CDN, como de transformaciones importantes en la estructura productiva de las economías de América Latina y el Caribe. Entre los sectores que ofrecen mayores oportunidades se encuentran los siguientes: la transición energética, las energías renovables y las industrias del litio y el hidrógeno verde; la movilidad sostenible, basada principalmente en la electromovilidad; la economía circular y los beneficios que conlleva la reducción del uso de materia prima virgen; la bioeconomía, sobre la base de una agricultura más sostenible; la gestión sostenible del agua, y el turismo sostenible (3).
  • Se requiere aumentar el financiamiento (público y privado) destinado a las inversiones relacionadas con el clima y dar señales claras a los inversionistas privados, toda vez que acelerar la acción climática también significa transformar los planes de acción climática en planes y proyectos de inversión.
  • Se necesita una mayor coordinación y coherencia entre las políticas económicas, las políticas ambientales y las políticas sociales, para hacer frente a la magnitud del reto en materia climática.
  • La gestión del riesgo de desastres (GRD) debe ser una parte integral de la estrategia de gestión del cambio climático. Es importante disponer de planes nacionales de financiamiento de la RRD que se traduzcan en estrategias que puedan crear resiliencia a largo plazo y que dispongan de financiamiento suficiente. Este es un aspecto particularmente preocupante, sobre todo para las economías de muchos pequeños Estados insulares en desarrollo (PEID) que dependen de industrias únicas, como el turismo, donde cada choque externo puede tener impactos económicos significativos.
  • Es necesario aumentar la conciencia sobre los costos y los beneficios de invertir en el fortalecimiento de la resiliencia y la prevención, así como superar los retos relacionados con la garantía de los derechos humanos en el contexto de la respuesta a los desastres, incluidas las necesidades diferenciadas de las personas con discapacidad o que viven con enfermedades crónicas y la transversalización del enfoque de género.
  • In Latin America and the Caribbean, 29 of the 33 countries have either submitted updated nationally determined contributions or successive nationally determined contributions to the United Nations Framework Convention on Climate Change (UNFCCC). In addition, 15 countries in the region have submitted their national adaptation plans and 8 countries have defined their long-term strategies. Of particular note are Brazil, Chile, Grenada, Saint Lucia and Uruguay, which have even submitted sectoral adaptation plans.
  • In Latin America and the Caribbean there is an increase in climate ambition compared to the first nationally determined contributions that countries submitted in 2015. The region's 2030 climate targets reflect emission reductions of between 24% and 29% compared to the business-as-usual scenario and prioritize sectors such as energy, land use, land-use change and forestry, transport, agriculture and waste.
  • Progress has been made in the region's institutional framework and there are areas dedicated to climate change in government ministries (such as finance, planning, energy or agriculture), as well as in some central banks. Progress has also been made on legislation to address climate change: there are national climate change laws in place in 11 countries, while 4 others are in the process of adopting them.
  • Latin American and Caribbean countries have advanced in the use of tools such as geographical information systems and disaster risk assessment. However, challenges remain in relation to the collection and interoperability of data and its lack of disaggregation by sex, age and disability status of individuals.
  • In the region, 21 countries have a national disaster risk reduction strategy in line with the Sendai Framework. In addition, the network of Caribbean Chambers of Commerce was created in 2019, with the aim of achieving greater collaboration between stakeholders on disaster risk reduction and greater inclusion in dialogue of traditionally sidelined groups, such as local governments and civil society.
  • The region has made significant progress in terms of emergency response funding, as well as in budget allocation and financing for disaster risk reduction and resilience-building. However, the economic downturn has recently resulted in a decrease in budget allocations.
  • Latin American and Caribbean countries have made progress in pre-disaster preparedness. Noteworthy in that regard are early warning systems such as the Climate Risk and Early Warning Systems initiative in the Caribbean, which in 2022 and 2023 even supported Ecuador, Peru and Trinidad and Tobago in the implementation of their multi-hazard early warning systems.
  • In terms of building back better, several initiatives stand out, including that of the United Nations Development Programme in conjunction with Antigua and Barbuda and Dominica, which focuses on repairing or rebuilding key infrastructure to improved construction standards, as well as the recovery approach adopted in 2018 by the heads of government of the Caribbean Community, which emphasizes the need to protect those most at risk, safeguard infrastructure and improve operational preparedness.
  • En América Latina y el Caribe, 29 de los 33 países han presentado sus contribuciones determinadas a nivel nacional actualizadas o bien han presentado CDN sucesivas a la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC). Adicionalmente, 15 países de la región han presentado sus planes nacionales de adaptación (PNAD) y 8 países han definido su estrategia de largo plazo. Se destacan el Brasil, Chile, Granada, Santa Lucía y el Uruguay, que han presentado incluso planes sectoriales de adaptación.
  • En América Latina y el Caribe se observa un aumento del nivel de ambición en materia climática en comparación con las primeras CDN que los países presentaron en 2015. Las metas climáticas de la región para 2030 se ubican entre un 24% y un 29% de reducción de las emisiones respecto del escenario sin cambios y priorizan sectores como la energía, el uso de la tierra, el cambio de uso de la tierra y la silvicultura, el transporte, la agricultura y los desechos.
  • En la región se han hecho adelantos en lo referente a la institucionalidad y existen áreas que trabajan en el ámbito del cambio climático en ministerios sectoriales (como los de finanzas, planificación, energía o agricultura) e incluso en algunos bancos centrales. También se ha avanzado en la tramitación de leyes para hacer frente al cambio climático: 11 países cuentan con leyes nacionales sobre cambio climático y otros 4 están en este proceso.
  • Los países de América Latina y el Caribe han avanzado en términos del uso de herramientas como los sistemas de información geográfica (SIG) y la evaluación del riesgo de desastres. Sin embargo, persisten retos relacionados con la recopilación y la interoperabilidad de los datos y su falta de desagregación por sexo, edad y condición de discapacidad de las personas.
  • En la región, 21 países cuentan con una estrategia nacional de RRD en concordancia con el Marco de Sendái. Además, en 2019 se creó la Red de Cámaras de Comercio del Caribe (CARICHAM), con el propósito de lograr una mayor colaboración entre actores en materia de la RRD y una mayor inclusión de grupos tradicionalmente marginados de los diálogos, como los gobiernos locales y la sociedad civil.
  • La región presenta avances importantes en lo referente al financiamiento para responder a las emergencias, así como en la asignación presupuestaria y el financiamiento para la RRD y para el fortalecimiento de la resiliencia. Sin embargo, el declive económico se ha traducido recientemente en una disminución de las asignaciones presupuestarias.
  • Los países de América Latina y el Caribe han avanzado en la preparación previa a los desastres. Se destacan los sistemas de alerta temprana como la iniciativa Riesgo Climático y Sistemas de Alerta Temprana (CREWS) en el Caribe, que en 2022 y 2023 incluso apoyó al Ecuador, el Perú y Trinidad y Tabago en la implementación de sus sistemas de atención temprana frente a múltiples amenazas.
  • En el propósito de reconstruir para mejorar, se destacan varias iniciativas, como la del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en conjunto con Antigua y Barbuda y Dominica, enfocada en la reparación o reconstrucción de infraestructura clave mejorando los estándares de construcción, así como el enfoque de recuperación adoptado en 2018 por los Jefes de Gobierno de la Comunidad del Caribe (CARICOM), que pone énfasis en la necesidad de proteger a las personas que están en mayor riesgo, salvaguardar la infraestructura y mejorar la preparación operativa.
  • Climate change is the challenge of the century for humankind. Its causes and consequences call for urgent action to meet the Paris Agreement goals of limiting the rise in the global average temperature through low greenhouse gas (GHG) emissions development, while increasing capacity to adapt to its adverse effects by fostering climate resilience.
  • The Latin American and Caribbean region is committed to climate action, has relatively clean energy and electricity mixes and considerable renewable energy potential, and has the strategic minerals and key sectoral mechanisms necessary for the energy transition and the transition to carbon neutrality, respectively. Even with this favourable backdrop, the region needs to increase the rate of decarbonization by four to five times in order to meet the emissions reduction commitments set out in nationally determined contributions.
  • Despite generating only 10% of global GHG emissions, Latin America and the Caribbean is highly vulnerable to the effects of climate change, mainly on account of its geographical location and socioeconomic characteristics. The region's efforts to adapt and reduce vulnerability to the impacts of climate change are concentrated in sectors that are highly sensitive to changes in climate, such as those linked to water resources, biodiversity, coastal zones, agriculture and health.
  • Significant progress has been made in terms of disaster risk reduction. All countries in the region have some form of early warning system, 21 have a national disaster risk reduction strategy, and there is more adequate funding to respond to emergencies. However, gaps remain in terms of investment in disaster risk reduction, particularly in reconstruction processes, territorial coverage and hazard mainstreaming. There is a need to urge better coordination of climate change, sustainable development and disaster risk reduction agendas in the region.
  • El cambio climático es el más importante desafío para la humanidad en el presente siglo. Sus causas y consecuencias demandan acciones urgentes para cumplir con los objetivos del Acuerdo de París de limitar el aumento de la temperatura media de la Tierra mediante un desarrollo con bajas emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), a la vez que se incrementa la capacidad de adaptación a sus efectos adversos, promoviendo la resiliencia al clima.
  • América Latina y el Caribe es una región comprometida con la acción climática, tiene matrices energética y eléctrica relativamente limpias y un gran potencial para las energías renovables, y dispone de los minerales estratégicos y de los mecanismos sectoriales clave que son necesarios para la transición energética y la transición hacia la neutralidad en carbono, respectivamente. Aun con este contexto favorable, la región debe aumentar la velocidad de descarbonización entre cuatro y cinco veces para poder cumplir con los compromisos de reducción de emisiones planteados en las contribuciones determinadas a nivel nacional (CDN).
  • A pesar de generar solo el 10% de las emisiones mundiales de GEI, América Latina y el Caribe es una región muy vulnerable a los efectos del cambio climático, principalmente por su ubicación geográfica y sus características socioeconómicas. Los esfuerzos de la región para adaptarse y reducir la vulnerabilidad frente a los impactos del cambio climático se concentran en los sectores altamente sensibles a la variación del clima como los vinculados al recurso hídrico, la biodiversidad y las zonas costeras, la agricultura y la salud.
  • Se han logrado avances importantes en términos de la reducción del riesgo de desastres (RRD). Todos los países de la región disponen de algún sistema de alerta temprana (SAT), 21 países cuentan con una estrategia nacional de RRD y existe un financiamiento más adecuado para responder ante las emergencias. Sin embargo, persisten brechas en términos de inversión en la RRD, particularmente en los procesos de reconstrucción, en lo referente a la cobertura territorial y en la incorporación de las amenazas. Es necesario hacer un llamado a coordinar mejor las agendas en materia de cambio climático, desarrollo sostenible y RRD en la región.
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