- El cambio de uso de la tierra, la silvicultura y la agricultura son causantes de una parte significativa de las emisiones regionales, debido a la importancia del sector primario y la escasa tecnificación de estas actividades en la región. El 58% de las emisiones de GEI de América Latina y el Caribe provienen del cambio de uso del suelo (38%) y la agricultura, la silvicultura y otros usos del suelo (20%). Las emisiones del sector de la energía representan el 25% del total de la región, incluida la participación de los sectores del transporte (11%), la generación y uso de electricidad, y otros (1).
- Los grupos poblacionales de mayores ingresos son los que emiten una mayor proporción de GEI en la región. Sin embargo, las poblaciones de menores ingresos son las más vulnerables y las que sufren en mayor medida las consecuencias, por no contar con los medios para adaptarse a las nuevas condiciones del clima.
- América Latina y el Caribe deberá aumentar de manera significativa la velocidad a la que ha venido descarbonizando sus economías y pasar de una velocidad de descarbonización histórica del 0,9% promedio anual (registrada entre 2010 y 2019) a una velocidad más de cuatro veces mayor, del 3,9% promedio anual, para alcanzar los objetivos de reducción de emisiones planteados en las CDN. De hecho, para avanzar en la senda que permita alcanzar el objetivo de que el aumento de la temperatura media mundial no supere 1,5 oC, la velocidad de descarbonización de la región debe ser 8 veces mayor que la histórica (2).
- Más de la mitad de los subsidios a los combustibles fósiles en la región están dirigidos al petróleo y aproximadamente un 20% al gas natural y al uso final de la electricidad. Si bien en la última década existe una tendencia a disminuir los subsidios a los combustibles fósiles, en 2021 se destinaron en la región 75.600 millones de dólares a dichos subsidios, cifra que disminuyó a 56.600 millones de dólares en 2022, en un contexto de pobre desempeño económico. Solo cinco países de la región han fijado un impuesto nacional al carbono, al mismo tiempo que se está avanzando en el diseño de mecanismos de mercados de carbono.
- La región es especialmente vulnerable a fenómenos climáticos extremos, en particular el Caribe, donde pueden ocasionar retrocesos importantes. Por ejemplo, Dominica sufrió daños y pérdidas que ascendieron al 226% de su PIB cuando fue devastada por el huracán María, en 2017. Si bien se han alcanzado algunos logros en la reducción del impacto de los desastres, los informes nacionales muestran que los países no están en el camino de alcanzar las metas del Marco de Sendái para la Reducción del Riesgo de Desastres 2015-2030.